viernes, mayo 06, 2005

Cuento

Ayer encontré un cuento que concreta bastante bien mi opinión acerca del mundo cristiano y la Iglesia. El autor es Anthony de Mello, y el libro: "La oración de la rana".

"Tras muchos años de esfuerzo, un inventor descubrió el arte de hacer fuego. Tomó consigo sus instrumentos y se fue a las nevadas regiones del norte, donde inició a una tribu en el mencionado arte y sus ventajas. La gente quedó tan encantada con semejante novedad que ni siquiera se le ocurrió dar las gracias al inventor, el cual desapareció de allí un buen día sin que nadie se percatara. Como era uno de esos pocos seres humanos dotadosd de grandeza de ánimo, no deseaba ser recordado ni que le rindieran honores; lo único que buscaba era la satisfacción personal de saber que alguien se había beneficiado de su descubrimiento.

La tribu a la que llegó luego se mostró tan deseosa de aprender como la primera. Pero sus sacerdotes, celosos de la influencia de aquel extraño, lo asesinaron, y para acallar cualquier sospecha, entronizaron un retrato del Gran Inventor en el altar del templo, creando una liturgia para honrar su nombre y mantener viva su memoria y teniendo gran cuidado de que no se alterara ni se omitiera una sóla rúbrica de la mencionada liturgia. Los instrumentos para hacer fuego fueron cuidadosamente guardados en un cofre, y se corrió el rumor de que curaban sus dolencias a todo aquel que pusiera sus manos sobre ellos con fe.

El propio Sumo Sacerdote se encargó de escribir la Vida del Inventor, el cual se convirtió en el Libro Sagrado, que presentaba su amorosa bondad como un ejemplo a imitar por todos, encomiaba a gloriosas obras y hacía de su naturaleza sobrehumana un artículo de fe.

Los sacerdotes se aseguraron de que el Libro fuera transmitido a las generaciones futuras, mientras ellos se reservaban el poder de interpretar el sentido de sus palabras y el significado de su sagrada vida y muerte, castigando inexorablemente con la muerte o la excomunión a cualquiera que se desviara de la doctrina por ellos establecida. Y la gente, atrapada de lleno en toda la red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer fuego."

Aunque el resto del libro no vale la pena, me gustó mucho este relato.


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4 comentarios:

geo dijo...

En mi modestia disiento de la radicalidad con la que expones tus opiniones, creo que quizás no deberías extractar tanto tus creencias, porque como todos los simplismos, no pueden ser otra cosa que la reducción de tus reflexiones a simples notas, hueras y no dignas de la opinión que tengo de ti.

Pisaverde dijo...
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Pisaverde dijo...

Afortunadamente, no busco reafirmar la opinion que tienen los demás de mi persona con este blog, sino más bien sembrar la polémica y estimular las cabezas en cualquier sentido, que es mucho más divertido.
En efecto, el cuento es bastante radical, pero no lo he escrito yo. La decisión de ponerlo en el blog es debida a que encuentro similitudes con la historia del cristianismo aunque sí es cierto que de una forma un tanto simplista, pero ¿porque no acertada?: Mientras que Cristo lanza un mensaje de amor, el hombre se ocupa de ordenarlo y regularlo, olvidandose en ocasiones este mensaje. Es la única conclusión que pretendo que si saque. Si en algo te he ofendido con ello, primo, mis más sinceras disculpas. Ya entiendo porqué es de mala educación hablar de política y religión.
De todas formas, me encantaría que escribieses aquí tu opinión, ya que no coincide con la mía.

PD1: He tenido que buscar "hueras" en el diccionario. "Banales, vacías"... pues no enciendas la tele tío, porque ahí la cosa esta mucho peor.
PD2: Lo más curioso es que el libro en que viene la historia fué regalado por un chico del opus a otra persona para despertar su sentido religoso (son mitos y cuentos de varios religiones).

Guinness dijo...

Sé, probablemente mejor que nadie, que no buscas reafirmar la opinión que la gente tiene de ti. Eso te hace grande, eso y que eres bueno escribiendo cabrón.

De acuerdo con aquello de que, al igual que ocurre en la Universidad de Sevilla, la burocracia eclesiástica hace que se pierda el norte de lo que realmente es el objetivo.